Del “yo quiero” al “yo confío”: el tránsito de lo personal a lo transpersonal.
El crecimiento profundo implica pasar del control a la confianza. Explora el tránsito de lo personal a lo transpersonal y cómo habitar una vida más consciente.
Del “yo quiero” al “yo confío”: el tránsito de lo personal a lo transpersonal.
El crecimiento profundo implica pasar del control a la confianza. Explora el tránsito de lo personal a lo transpersonal y cómo habitar una vida más consciente.
Cuando la voluntad ya no alcanza.
Durante gran parte de nuestra vida aprendemos a movernos desde la voluntad. Decidir, esforzarnos, lograr, sostener. El “yo quiero” se convierte en motor, brújula y sostén. Y esto no es un error: es una etapa necesaria del desarrollo humano. Carl Jung decía que el hombre se pasa media vida tratando de construir un ego para pasarse la segunda mitad de la vida tratando de trascenderlo.
Construir una identidad, diferenciarnos, hacernos cargo de nuestra vida, ejercer poder personal y responsabilidad es parte del crecimiento saludable. Sin un yo suficientemente consolidado, no hay base para ningún proceso más profundo.
Sin embargo, llega un momento —a menudo después de una crisis, una pérdida o un cambio vital— en que la voluntad empieza a quedarse corta. Aquello que antes funcionaba ya no sostiene. Y algo nuevo comienza a pedir espacio.
El cansancio del control.
Muchas personas describen esta etapa como un cansancio profundo. No tanto físico, sino existencial.
· cansancio de sostener personajes
· cansancio de tener que poder siempre
· cansancio de controlar resultados
· cansancio de demostrar quién se es
Este agotamiento no es debilidad. Es una señal de maduración. El sistema interno ha llegado al límite de lo que puede hacer desde el control.
Y cuando el control se agota, se abre la posibilidad de un movimiento distinto: la confianza.
¿Qué entendemos por “lo personal”?
El nivel personal es aquel en el que el ser humano se reconoce como un “yo” separado. Aquí se construye la identidad: quién soy, qué hago, qué valgo, qué lugar ocupo en el mundo.
Esta identidad se forma a partir de:
· la historia familiar.
· la cultura.
· la educación.
· las experiencias biográficas.
· las heridas y aprendizajes emocionales.
En este nivel, el mundo se percibe desde la lógica, la causalidad y la voluntad. El lema que lo guía suele ser: “yo quiero”. Queremos amar, lograr, cambiar, crecer, sanar. Y ponemos toda nuestra energía en ello.
El ego no es el enemigo.
Es importante aclararlo: el ego no es algo que deba eliminarse. Es una estructura necesaria para habitar la vida humana. Un ego frágil no puede trascenderse; se aferra, se defiende, idealiza.
El crecimiento personal no consiste en destruir el ego, sino en madurarlo. Fortalecerlo lo suficiente como para que luego pueda soltar sin miedo.
La dificultad aparece cuando quedamos identificadas exclusivamente con el ego. Cuando creemos que somos solo esa historia, ese rol, ese personaje.
Ahí surge el sufrimiento.
El surgimiento de la Conciencia Testigo.
El paso hacia lo transpersonal ocurre cuando desarrollamos la capacidad de observar nuestra experiencia interna sin quedar atrapadas/os en ella.
Pensamientos, emociones, sensaciones, reacciones… todo puede ser observado.
Aparece entonces lo que muchas tradiciones llaman Conciencia Testigo: una presencia interna que no se confunde con los contenidos del yo personal.
Ya no soy mi miedo: puedo ver el miedo.
Ya no soy mi historia: puedo observar la historia.
Ya no soy mi reacción: puedo darme cuenta de la reacción.
Esta distancia no es frialdad. Es libertad.
Desidentificarse duele… y libera
Desidentificarse de viejas formas de ser implica duelo. Soltar personajes, defensas y estrategias que nos sostuvieron durante años genera dolor e incertidumbre.
Por eso el tránsito hacia lo transpersonal no es un camino “luminoso” en el sentido superficial. Es profundo, honesto y humano.
Aquí, el amor hacia una misma se vuelve esencial. Sin amor, el proceso se vuelve violento. Con amor, se vuelve integrador.
No se trata de negar lo personal, sino de incluirlo en algo más amplio.
Del “yo quiero” al “yo confío”
En el nivel personal, la libertad se vive como la capacidad de elegir, decidir y desprenderse de condicionamientos. En el nivel transpersonal, la libertad adquiere otro matiz.
Ya no se trata solo de elegir con la mente, sino de escuchar al corazón. De percibir hacia dónde la vida quiere desplegarse a través de nosotras.
Aquí el lema cambia: del “yo quiero” al “yo confío”. Confiar no es resignarse. Es alinearse con un movimiento más grande que el control personal.
La vida como maestra silenciosa.
En este nivel, el crecimiento deja de ser algo que “hacemos” y se convierte en algo que sucede con nosotras.
La vida nos moldea, nos labra, nos enseña. Y nuestra tarea es aprender a recostarnos internamente en lo que es, sin resistir constantemente.
Esto no elimina la acción, pero la vuelve más coherente. No actuamos desde la urgencia, sino desde la escucha.
La apertura del corazón como integración.
Entre crecer en la forma (lo personal) y soltar la forma (lo esencial), aparece un tercer principio integrador: la apertura del corazón.
Un corazón abierto no es ingenuo ni débil. Es valiente. Permite sentir sin cerrarse, vincularse sin perderse, acompañar sin invadir.
Desde aquí, los vínculos cambian:
· del aislamiento al encuentro
· de la dependencia a la interdependencia
· de la fusión a la presencia
Se construye un “nosotros” que no anula al “yo”.
Una vida más simple, más verdadera.
A medida que este tránsito se profundiza, algo se simplifica. No porque la vida sea menos compleja, sino porque dejamos de agregar capas innecesarias.
· menos lucha interna
· menos necesidad de demostrar
· más coherencia
· más silencio fértil
· más confianza en el proceso
No es una meta a alcanzar. Es una forma de estar.
El camino continúa.
El tránsito de lo personal a lo transpersonal no tiene un punto final. Es un camino de por vida. A veces íntimo y silencioso. Otras veces acompañado. Muchas veces atravesado por crisis, pérdidas y revelaciones.
Lo importante no es “llegar”, sino habitar el proceso con conciencia.