El iceberg emocional: porqué repetir patrones no es “debilidad” (y cómo empezar a cambiarlos)
Muchas personas llegan al crecimiento personal desde la frustración: “sé lo que tengo que hacer, pero no lo hago”, “vuelvo a caer en lo mismo”, “reacciono igual aunque me prometa que no”.
Muchas personas llegan al crecimiento personal desde la frustración: “sé lo que tengo que hacer, pero no lo hago”, “vuelvo a caer en lo mismo”, “reacciono igual aunque me prometa que no”.
Y aquí aparece una idea clave: tu conducta es solo la punta del iceberg.
Lo visible —lo que haces— suele ser el resultado de capas invisibles: creencias, valores, heridas, necesidades, partes internas que buscan protegerte. Cambiar “la superficie” sin mirar la raíz es como pintar una pared con humedad: al tiempo, vuelve a aparecer.
Las capas invisibles que sostienen tus patrones.
Imagina que tu conducta es un síntoma (no un problema). Debajo hay un sistema interno intentando cuidarte.
· Conducta: lo que hago (me callo, exploto, controlo, evito).
· Actitud: el estilo con el que lo hago (defensiva, complaciente, desconfiada).
· Recursos: lo que creo que tengo o no tengo (seguridad, habilidades, apoyo).
· Creencias: lo que doy por cierto (sobre mí, los demás, la vida).
· Valores: lo que intento proteger (lealtad, justicia, amor, libertad).
· Identidad/partes internas: “una parte de mí” toma el volante.
El cambio real empieza con una pregunta distinta.
En lugar de “¿qué me pasa que hago esto?”, prueba con: ¿Para qué me sirve esto que hago? ¿Qué intenta proteger en mí?
A veces, la conducta que te avergüenza fue la forma más inteligente que encontró tu sistema para sobrevivir en su momento. Por eso el crecimiento no empieza con juicio, empieza con comprensión.
Ejercicio simple (pero profundo)
Piensa en un patrón que se repite. Y completa:
· Cuando hago esto, en realidad estoy intentando evitar sentir ________.
· Si no hiciera esto, me daría miedo que ________.
· La parte de mí que hace esto necesita ________.
Cuando lo invisibilizado se hace consciente, la conducta repetitiva pierde fuerza.
No por magia: por lucidez.